©MatthiasZölle

Projekt Cage

Ensueño con John Cage
“La fiambrera golpetea, el teléfono suena, la tapa de la olla golpea contra la olla, la manivela del secador de ensalada vibra. En “Proyecto Cage” la orquesta de los objetos suena en la sala del Teatro municipal de Münster. Suena familiar y al mismo tiempo estrafalario. Y es gracioso ver como los 15 bailarines vestidos de colores con sus también coloridos utensilios, cruzan rasando el escenario, se ordenan formalmente y emiten sonidos. Es una de las escenas que más se recuerdan de la obra estrenada “Proyecto Cage” de Daniel Goldin, con el cual se inició el sábado a la noche el festival ‘Jornadas Internacionales de la Danza’ de Münster. Goldin reunió a su propia compañía con los bailarines de la compañía Folkwang Tanzstudio y coreografió de manera muy poética, a veces muy meditativa, sobre la música del compositor americano John Cage, para el cual el silencio era más música que la música misma.

Manzana delante de la cara
La escenografía es un monótono ‘titirimundi’ blanco que permite el acceso al escenario de los bailarines sólo a través de entradas, solamente de un tamaño hasta la altura de las caderas (escenografía: Matthias Dietrich). En este interior bailarán. Descalzos, con zapatos de tacos altos, sobre bolas. Con vestidos de novia (abierto por detrás), con vestidos de noche rojo, con abrigos largos. En un blanco frío, en colores de tierra, en los típicos colores fuertes de Goldin (Vestuario: Gaby Sogl). Aquí todo es sueño: bello, estético, surreal y enigmático, pocas veces concreto. Por momentos uno se encuentra con imágenes conocidas. El hombre con el bombín en la cabeza y la manzana delante de su cara, por ejemplo, recuerda al cuadro de René Magritte. Los movimientos fluyen, incorporan la música, la acompañan a veces muy precisamente, se separan de ella, siguen su propio camino, se reencuentran al compás del ritmo y respiran juntos nuevamente. La caligrafía del movimiento de Goldin es inconfundible: gestos que buscan y no encuentran nada, las precisas elongaciones y torsiones de los cuerpos, las repeticiones, la austeridad en su estética. Como si el soñador no se atreviera a dejarse caer y abandonar sus límites.

Jaap Blonk vocifera
La música en vivo sale de una especie de estante situado en la pared del fondo del escenario. Aquí se instaló la Banda “The lilac Truth” con el fulminante cantante Jaap Blonk (Dirección: Helmut Buntjer). Del corazón y el alma de su música se desprende la danza. Se comienza aterciopeladamente con la Suite para Toy Piano (1948) con un piano de juguete, un trombón apagado, un Ukulele y campanas; uno es secuestrado en un mundo distendido por el ronco clarinete infantil, el suave ensimismamiento de la celesta (Harmonies V) y el ronco soplo de varias melódicas que son sopladas a través de mangueras. Hasta que el cantante Jaap Blonk interviene. ‘Nichi nichi kore ko nichi’ vocifera el cantante. Una meditación que parece salirse de control. Y mientras su voz se convierte en su propia orquesta de ruidos, el público no tiene ya casi ojos para la danza y ríe y ríe. Grandes aplausos de pie para Blonk, los bailarines, la coreografía. Münster está entusiasmado.”

Sabine Müller, Münstersche Zeitung, 24 de Mayo de 2010


“…Especialmente para el festival ‘Jornadas internacionales de danza’ fue coreografiada esta obra de Daniel Goldin, fascinante hasta el último movimiento. La música de John Cage brinda la base, inspiración y motivación a la obra - en las mejores manos del grupo “The lilac Truth” (Dirección: Helmut Buntjer) y el artista vocal holandés Jaap Blonk. Los bailarines no traducen cada sonido en movimiento, más que nada se dejan inspirar por la música. Surgen figuras sorpresivas, desesperadas, alegres, extrañas y estereotipadas. El “Proyecto Cage” es una variada paleta viviente de acontecimientos y emociones ficticias y oníricas, distribuidas a lo largo de una hora y media de duración, con muy escasa utilería y enmarcado por el genial escenario, espartanamente diseñado e iluminado de una manera sutil. No se trata ni de una historia fluida ni de la directa traducción de la música en movimiento. Más que nada, Daniel Goldin entra en el caudal emotivo de la música. Y de éste hay una buena cantidad dentro, aunque a Cage se lo considera a menudo como el inteligente clown de la música nueva y de hecho su música rebosa de coloridos y entretenidos elementos.
Un cubo blanco abierto hacia adelante conforma el escenario donde los 15 bailarines se dejan llevar, por momentos de modo rasante (Escenografía: Matthias Dietrich). A veces aparecen figuras grotescas en escena que no interaccionan y despliegan sus propios lenguajes corporales. Finalmente destella el humor de John Cage que permite a los músicos tocar la melódica,  con largos y quejosos sonidos que suenan a través de la sala del teatro. En la pieza “Living Room Music”, músicos y bailarines toman todo tipo de utensilios de cocina y con ollas, cucharones y latas de conservas logran una estable trama rítmica. El público no puede contener la risa.”

Heike Eickhoff, Westfälische Nachrichten, 24 de Mayo de 2010


“… Se baila en un sobrio cubo blanco que abarca todo el escenario de la sala “Großes Haus” (Escenografía: Matthias Dietrich). Sus paredes flotan a la altura de los hombros sobre un tapete de danza también blanquecino, de tal manera que antes y después de la actuación de la 8 bailarinas y los 7 bailarines se pueden ver sus cuerpos no así sus cabezas.
El aturdimiento (el estar sin cabeza) corresponde a la exigencia de John Cage (1912-1992) hacia la música, al no corresponder los expectativas fijadas de melodía o ritmo, a la sensibilidad del público a través de la sorpresa, la no planificación o el distanciamiento para percibir lo que oportunamente se va dando. Desde un palco en la pared del fondo del cubo, la banda “lilac Truth” cumple con esta exigencia de manera amplia y también pone a prueba los nervios. El virtuoso poeta del sonido Jaap Blonk, que lúdicamente logra representar una discusión sin sentido entre varias voces, aturde y regocija con su repertorio polifónico, que abarca desde el borboteo de un desagüe hasta el ruido del lubricante de un avión a hélice roto. El proyecto de Goldin se compone de dejar que los bailarines encuentren la adecuada expresión del cuerpo para cada sonido, el movimiento coincidente y así desconectar la cabeza. Y de esta manera no se diseña ningún argumento continuo y los motivos repetitivos como la pareja de novios, ella en un vestido blanco y él en frac (Vestuario: Gaby Sogl) no conducen a ninguna parte.
Así se origina, impresionantemente en lo dancístico, tanto en lo acrobático como en lo pantomímico, una forma del rendimiento individual que, como en los sonidos de Cage en los que que a veces se dan muestras de armonía, movimientos grupales. Pero esto se escurre en seguida, como si no estuviese permitido servir a ningún tipo de necesidad de armonía. La pareja de novios muestra esta idea en la escena final a través de un imagen clara. Ambos se precipitan al borde del escenario, como si quisieran tempestuosamente unirse con el público. Pero sin embargo se frenan y repiten su movimiento, con los que se resisten con las manos y los pies contra esta pretensión. Y se encuentran en el camino de vuelta hacia la boda de la danza y la música. El  impresionante trabajo conjunto encontró, por parte del receptivo público, una entusiasmada ovación para la aventura musical y dancística. Las ovaciones de pie y ‘bravos’ para todos los participantes, fueron especiales para los músicos y aumentaron aun más para Jaap Blonk.”

Hanns Butterhoff, Recklinghäuser Zeitung, 24 de mayo de 2010


Münster: ponen la música patas arriba

“El poeta del sonido Jaap Blonk resopla, jadea y chirrea delante del micrófono, ¡eso fue una verdadera alegría! Y lo más increíble: los ruidos que el vocalista producía, encontraban una resonancia en los 15 bailarines que lo transformaban en una representación surreal. Levantados en altura y a pesar de todo, integrados en lo que sucedía abajo, Blonk con varios músicos más dominaban sobre el escenario del teatro municipal de Münster, ‘empotrados’ en una fachada de un casa, flotando sobre el suelo.
Conjuntamente con los bailarines del teatro de Münster y del Folkwang Tanzstudio de Essen, traducen lo que el coreógrafo Daniel Goldin se imaginó con el título “Proyecto Cage” y marcaron el inicio, el sábado por la noche, del festival “Internacionales días de danza” en Münster. No fue fácil de digerir lo que se le sirvió al público esa noche. Ya que el espíritu del compositor americano John Cage (1912-1992) que Goldin quiso capturar en su obra, es de un belicoso. Una gran parte de su 250 obras figuran como claves de la Nueva Música, que acaba con convenciones musicales y viejas costumbres auditivas.
Sobre algunos sonidos de trombón, tambor o flauta, como también sobre collages de sonidos bailaron los miembros del Ensemble en grupo, como dúos o solistas. A veces marcharon monótonamente como soldados, otras se movieron lúdicamente con sonidos ligeros. También los pedazos de palabras de Jaap Blonk se traspasan en pasos y gestos. Remarcable es todo lo que el holandés pudo producir con su boca. El público se asombró. Solamente al final dejó oír una titubeante, luego liberadora risa.
John Cage pone la música patas arriba. Los bailarines lo demuestran. Con un vestido de gala, con la parte superior trabajada como una camisa de fuerza, varias veces se desliza rápidamente una bailarina a través de la escena. Otra ilumina durante su danza, con la mirada perpleja, sus pies con una linterna de bolsillo. Bolos rodaron entre los artistas de aquí para allá. Entre movimientos abigarrados, a veces estrafalarios, no se pudo encontrar una historia continua, sin embargo el Ensemble se encontró junto varias veces en la danza. Al final los bailarines agarraron sartenes, cubos de basura y espumaderas  e hicieron música. En el mejor sentido de John Cage”

Andrea Kutzendörfer, Die Glocke, 24 de mayo de 2010


“Musicalmente la velada es para algunos realmente un desafío. Amplios planos de sonido y monótonas pulsaciones rítmicas se intercambian en lo que el compositor americano John Cage (1912-1992) quiso introducir en la música con el mismo valor: ruidos, efectos casuales, bullicio.
El pionero de la Nueva Música trató al sonido con los mismos valores que a cada ruido y al silencio: él dijo que jamás escuchó un tono que no le haya gustado, salvo que haya sido ‘muy musical’. En el estreno del “Proyecto Cage”, en la Gran Sala del teatro municipal de Münster, se sitúa en el mismo plano a la guitarra eléctrica con el piano de juguete y la acrobacia vocal de Jaap Blonk. Desde soltar un ‘gallo’ hasta un eructo.
Daniel Goldin, director del Tanztheater de Münster, juntó su propio Ensemble para el “Proyecto Cage” con el Folkwang Tanzstudio, del que fue integrante a partir del año 1987. Lo que buscó es, ni mas ni menos, la traducción en la danza de la casualidad del universo del sonido de Cage. Sonidos y ruidos están uno al lado del otro, (aparentes) composiciones aleatorias rompen las estructuras usuales. Goldin vuelca este principio a su coreografía. Al mismo tiempo, le provee elementos por los cueles es conocido: melancolía, humor ligero, movimientos silenciosos entre las personas. De esta manera, aún con la intervención de la banda “The lilac Truth”, se convirtió en una velada tranquila. Goldin deja jugar a sus bailarines con las identidades sexuales: hombres con vestidos de novia, una mujer con traje y bombín. Pasa mucho y nada al mismo tiempo en el escenario, cuando los bailarines aislados pasan bailando solos. El espacio de danza está delimitado por un sugestivo cubo blanco (Escenografía: Matthias Dietrich). Si los bailarines están fuera de él, vemos solamente las piernas y el torso. Un hombre vestido de traje y con una pera en la boca, sigue una vía zigzagueante: esto evoca a las figuras masculinas surrealistas con bombines de Magritte. La energía del sonido suena desde una caja qué está integrada en los bastidores: desde allí determina lo que sucede “The lilac Truth”. Para la instrumentalización de las obras de Cage, especialmente arregladas de manera completa o parcial, pertenecen entre otras cosas un ukelele, el metálico tintineo de un piano de juguete  y una flauta Gran Bajo; y Jaap Bloonk recibió un aplauso extra para sus solos en los que chilla, canta, chasquea y golpea. John Cage trabajó desde los años 30 conjuntamente con compañías de danza moderna y desde los años 50 tuvo una estrecha colaboración con el Ensemble de Merce Cunningham…”

Edda Breski, Westfälischer Anzeiger, 24 de mayo de 2010

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